domingo, 7 de septiembre de 2014


POR QUE EL BUHO TIENE LOS OJOS GRANDES
 (Una leyenda iroqués)
(Ilustración: Maja Lindberg) 
(Fuente:http://majali-designillustration.blogspot.com/)


Raweno, el espíritu que lo hace todo, estaba muy ocupado creando animales.
Esta tarde, estaba trabajando en el conejo.
- “¿Puedo tener patas largas y bonitas y orejas grandes como las del venado?” -preguntó el conejo. -“¿Y afilados colmillos y garras como los de la pantera?”.
-
“Por supuesto,” -dijo Raweno.
 Pero no había hecho nada más que moldear las patas traseras del conejo cuando fue interrumpido por el búho.

-“Whoo, whoo.  Raweno quiero un cuello largo y bonito como el del cisne” - exigió el búho -“Y unas hermosas plumas rojas como las del cardenal, un pico largo como el de la garceta y una cresta real de plumas como la de la garza. Quiero que me convierta en la más veloz y hermosa de todas las aves.”

-“Cállate,” -dijo Raweno- “Sabes que supuestamente nadie debe verme trabajando. 
¡Date la vuelta y cierra los ojos que ahora estoy ocupado con el conejo!”

Raweno siguió entonces modelando las orejas del conejo. Las hizo largas y alertas, exactamente como las del venado. De pronto  el búho volvió a interrumpir:

-“Whoo, whoo,” -dijo el búho- “Nadie puede prohibirme mirar. No me daré vuelta ni cerraré los ojos. Me gusta mirar y miraré.”

Entonces Raweno se enfadó. Olvidándose de las patas delanteras del conejo, cogió al búho que estaba en su rama, y lo sacudió con todas sus fuerzas.

Los ojos del búho se volvieron grandes y redondos de miedo.
Raweno presionó hacia abajo la cabeza del búho y jaló sus orejas hacia arriba hasta que quedaron paradas en ambos lados de su cabeza.

-“¡Ya está!” -dijo Raweno- “Ahora tienes unas orejas lo suficiente grandes para que escuches cuando alguien te dice lo que tienes que hacer, y un cuello tan corto que no podrás estirar la cabeza para ver lo que no deberías ver. Y tus ojos son grandes pero sólo podrás utilizarlos de noche, no de día, cuando estoy trabajando. Y finalmente, como castigo por tu desobediencia, tus plumas no serán rojas como las del cardenal, sino grises, como las que tienes”.
 Y frotó al búho por todo el cuerpo con lodo.

Después, regresó a terminar el conejo. Pero, ¿a dónde se había ido? La ira de Raweno había asustado tanto al pobre conejo que había huido, sin haber sido acabado. Hasta el día de hoy, el conejo debe brincar con sus patas disparejas y se ha quedado asustado, porque nunca recibió los colmillos y garras que había pedido. En cuanto al búho, él se quedó como Raweno lo moldeó en un momento de ira—con los ojos grandes, un cuello corto, orejas grandes y la capacidad para ver sólo de noche, cuando Raweno no está trabajando.


martes, 12 de agosto de 2014


EL CORDERO QUE TENIA LA LANA DORADA

(Cuento de Idries Shah)
(Ilustraciones: Daniela Márquez Belloni)
 (Fuente: http://danielamarquezb.blogspot.com)

Había una vez un hombre pobre que tenía un hijo. Cuando este creció su padre le envió a buscar un trabajo. El chico viajó buscando un lugar donde poder trabajar y al fin encontró a un hombre que le dio uno como pastor.
Al día siguiente su patrón le dio una flauta y le envió con las ovejas para ver si el trabajo era apropiado para él. El muchacho no descansó en todo el día. Al contrario que otros chicos perezosos, llevó las ovejas de un lado a otro mientras tocaba la flauta.
Entre las ovejas había un cordero de lana dorada que cuando oía la flauta se ponía a bailar. El muchacho le tomó mucho cariño y decidió que no pediría a su patrón más paga que aquel corderito.
Al anochecer volvió a casa, el amo esperaba en la puerta y cuando vio a todas las ovejas y bien alimentadas, quedó muy complacido, por lo que empezó a negociar la paga con el muchacho. Este le dijo que no quería más que al cordero de lana dorada. Al granjero también le gustaba mucho el cordero, pero acabó prometiéndoselo, aunque de mala gana, al ver lo buen pastor que era el muchacho.
Así pasó un año, al cabo del cual el muchacho recibió al cordero como paga y partió con él. Caía la noche cuando llegaron a un pueblo y fueron a una posada a pasar la noche. En la casa había una muchacha que cuando vio la cordero con la lana dorada decidió robarlo. A mediada noche se acercó a él, pero en el momento que tocó el cordero se quedó pegada firmemente a su lana, así que cuando el chico se levantó, la encontró pegada en el cordero. No pudo separarlos, y como no quería abandonar su cordero se los llevó a los dos.
Cuando pasó por delante de la tercera puerta desde la casa donde había pasado la noche, sacó su flauta y empezó a tocar. Entonces el cordero empezó a bailar, y la muchacha pegada a su lana también.
A la vuelta de la esquina una mujer estaba metiendo el pan en el horno; de pronto vio al cordero bailando y, pegado a él, la muchacha. Cogiendo la pala del panadero para asustar a la muchacha salió corriendo y gritando "vuelve a casa y deja de hacer el tonteras". Como la chica seguía bailando, la mujer gritó, "¿qué, que no me vas a obedecer?" y le dio un golpe en la espalda con la pala, que en el mismo momento se pegó a la chica, por lo que la mujer se quedó pegada a la pala, que estaba pegada a la chica, y esta al cordero de lana dorada. Y con todos ellos el muchacho partió.
Siguiendo su camino llegaron a la Iglesia. El muchacho empezó a tocar de nuevo y el cordero comenzó a bailar y pegada a la lana la chica, y en la espalda de la chica la pala y al final de la pala, la mujer. En un momento el cura salió de la iglesia y al ver lo que pasaba, empezó a regañarles y mandarles no hacer tonterías e irse a casa. Como las palabras no hacían efecto, él golpeó sonoramente a la mujer en la espalda con su bastón, pero, para su sorpresa, el bastó se pegó a la mujer y el se quedó pegado al extremo del bastón.
Con esta divertida compañía, el muchacho continuó su viaje; era de noche cuando llegó a la capital del reino y buscó alojamiento en casa de una anciana mujer. ¿Qué noticias hay por aquí? Preguntó el pastor. La anciana le contó que sucedía una gran desgracia; la hija del rey estaba muy enferma y ningún médico podía curarla, pero si alguien podía hacerla reír se pondría bien inmediatamente. Nadie había podido aún hacerla sonreír y tanto era así que el rey había hecho un anuncio, proclamando que el que hiciera reír a su hija la tomaría por esposa y compartiría el poder real.
El muchacho a duras penas pudo esperar hasta la mañana siguiente, estaba muy ansioso de probar su suerte. Por la mañana se presentó al rey, explicó sus deseos y fue recibido amablemente. La hija del rey estaba en la entrada del palacio triste; el pastor entonces comenzó a tocar la flauta. El cordero de lana dorada se puso a bailar, pegado a su lana la chica, en la espalda de la chica la pala, al final de la pala la mujer, en la espalda de la mujer el bastón y al final del bastón, el cura.
Cuando la princesa vio esto rompió a reír, lo cual puso al cordero de lana dorada tan contento que sacudió todo del lomo, y el cordero despegó así a la chica, la mujer y el cura y  empezaron a bailar por su cuenta muy contentos.
El rey casó a su hija con el pastor, el cura fue nombrado capellán de la corte, la mujer panadera real y la chica dama de compañía de la princesa.

La boda duró siete días con sus respectivas noches y todo el país estaba desbordado de alegría, y si las cuerdas de los violines no se hubiesen roto ¡aún estarían bailando!

Fin.