sábado, 2 de octubre de 2010

Hoy estoy muy feliz y orgullosa, como mamá, como amiga y como narradora.

Hoy quiero compartir mi felicidad con ustedes.

El día de ayer mi hija Lucía obtuvo el segundo puesto en la categoría "Cuentos inéditos" de 5to y 6to grado, en los Juegos Florales de su colegio.

Ella envió este cuento maravilloso y que además tuve la oportunidad de narrar en una de mis presentaciones.

Desde hoy este cuento me acompañará siempre y quiero compartirlo con todos ustedes, sobre todo porque son tan devoradores y amantes de las historias como yo.

Así que con todo el orgullo del mundo les dejo el cuento que hizo mi preciosa "Princesa Lucía".

Con ustedes:


La Luna y el príncipe

(Cuento escrito por: Lucía Mimbela Menéndez)

(Ilustración - Fuente: Internet)

Hace mucho tiempo, en un pueblo lejano, vivía un príncipe. Un príncipe que era generoso, trabajador, bueno pero muy, muy tímido; tan tímido que no tenía amigos porque no se atrevía a hablar con nadie. Las palabras se le quedaban atrapadas en la garganta sin poder salir.

Una noche, harto de no tener la valentía de poder hablar, salió de su castillo. Se sentó en el verde pasto, trató de pensar. Miró la luna. Estaba muy brillante, grande y amarillenta. Tuvo una gran idea.

Así que dijo:

- Hola luna - notó que no se puso colorado ni que necesitó valor para decirlo - yo tengo un problema. Soy muy tímido y no puedo hablar con nadie...

Parecía que la luna lo escuchaba atentamente. Al príncipe le pareció una gran idea hacerlo, así que todas las noches salía de su castillo y se ponía a hablar con la luna. A contarle todo lo que le pasaba.

Pero un día notó que la luna no salía y se sintió muy solo...y esperó y esperó a que la luna saliera. Cuando lo hizo le dio una gran alegría, porque pensó que lo había dejado para siempre.

Una noche, un lobo que pasaba por ahí, lo escuchó hablar con la luna. El lobo se preguntó por qué una persona le hablaría a la luna de esa manera, con tanto entusiasmo y diversión. El lobo escuchó una parte de la historia que el príncipe le contaba. Escuchó que él era muy tímido y que no podía hablar con nadie por su timidez.

Al lobo también le pareció una gran idea hablar con la luna porque él tampoco tenía amigos. Ningún lobo tenía amigos; los lobos son muy tímidos también.

Así que la siguiente noche, el lobo se escapó de la manada, se fue a una montaña muy alta y le empezó a aullar a la luna. Es por eso, que los lobos le aúllan a la luna, porque son muy tímidos, y sienten que la luna es su única amiga.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA VERDADERA JUSTICIA

(Adaptación del libro: Cuento de otras tierras)

(Ilustración: Ester García Cortés)

(Fuente: Internet)

Hubo una vez un califa en Bagdad que deseaba sobre todas las cosas ser un soberano justo.

Indagó entre los cortesanos y sus súbditos y todos aseguraron que no existía califa más justo que él.

-¿Se expresarán así por temor? – se preguntó el califa.

Entonces se dedicó a recorrer las ciudades disfrazado de pastor y jamás escuchó la menor murmuración contra él.

Y sucedió que al mismo tiempo, el califa de Ranchipur sentía los mismos temores y realizó las mismas averiguaciones, sin encontrar a nadie que criticase su justicia.

-Puede que me alaben por temor – Se dijo – Tendré que indagar lejos de mi reino.

Un día quiso el destino que los lujosos carruajes de ambos califas fueran a encontrarse en un estrecho camino.

-¡Paso al Califa de Bagdad! – Pidió el Visir de éste.

-¡Paso al Califa de Ranchipur! – exigió el del segundo.

Como ninguno quería ceder, los Visires de los dos soberanos trataron de encontrar una fórmula para salir del paso.

-Demos preferencia al de más edad- acordaron.

Pero los Califas tenían los mismos años.

-Demos entonces preferencia al que tenga mayor número de posesiones.

Pero igual los dos Califas tenían igual amplitud de posesiones

-Ya sé – dijo uno de los Visires,- Demos preferencia al que tenga mayor cantidad e soldados y mayor número de ejércitos.

Pero los dos Califas tenían idénticos ejércitos.

Para zanjar la cuestión, el Visir del Califa de Bagada preguntó al otro:

-¿Cómo es de justo tu amo?

- Con los buenos es bondadoso – replicó el Visir de Ranchipur,- justo con los que aman la justicia e inflexible con los duros de corazón.

-Pues mi amo es suave con los inflexibles, bondadoso con los malos, con los injustos es justo, y con los buenos aún más bondadoso – replicó el otra Visir.

Oyendo esto el Califa de Ranchipur, ordenó a su cochero aparatarse humildemente, porque el de Bagdad era más digno de cruzar él primero, especialmente por la lección que le había dado de lo que era la verdadera justicia.