domingo, 21 de julio de 2019

"ISSUNBOUSHI"
(Cuento popular japonés)
( Ilustración - Fuente: https://writinginmargins.weebly.com/home/issun-boshi-analysis)
(Buddha's crystal and other fairy stories 1908)
Hace mucho, mucho tiempo, en un pueblo de Japón, nació un niño muy pequeño.
Su estatura era igual al del dedo meñique de un adulto.
A pesar de ello sus padres estaban muy contentos porque pensaban que él era un regalo de los dioses.  Le pusieron de nombre "Issunboushi"(*1)
El pequeño Issunboushi comía mucho pero a pesar del paso de los    años no crecía nada. Se convirtió en un joven fuerte pero pequeñito.
Un día comenzó a subir un enorme árbol y cuando llegó a la cima,  por primera vez pudo ver a lo lejos un río y una montaña.
Esa noche le preguntó a su padre: 
- Padre, ¿Hasta dónde corre el río?
El padre le contestó: 
- Hasta el otro lado de la montaña.
Issunboushi, más intrigado  preguntó: 
-¿Y qué hay al otro lado de la montaña, padre?
Y el padre dijo: 
- Al otro lado de la montaña está la ciudad de Kyoto (*2), la capital. Allí hay mucha gente y templos.
Al escuchar eso, Issunboushi se iba imaginando la ciudad llena de gente, las calles, los templos, y le dieron una ganas incontrolables de conocer la gran ciudad. Entonces exclamó: 
-¡Voy a ir a Kyoto!
El padre preguntó sorprendido: 
-¿Qué?
Issunboushi repitió: 
- ¡Voy a ir a Kyoto y me convertiré en un gran samurai! (*3)
Sus padres al escucharlo trataron de convencerlo para que desistiera de su idea, pero al ver que estaba firme en su resolución  no les quedó más remedio de ayudarlo a hacer su equipaje.
Prepararon un tazón, a manera de bote, para que pueda ir río abajo, unos palillos de remo y una aguja para que la utilice como espada.
Así Issunboushi partió hacia la ciudad. A lo largo del trayecto estaba expuesto a muchos peligros pero él se dijo: "¡Venceré sin falta! ¡Voy a realizar mi sueño!"
Unos días después llegó a la ciudad. Allí buscó un castillo en donde poder ejercitarse para convertirse en samurai. Encontró uno muy grande y se entrevistó con su dueño, un señor feudal, el cual se rió al escuchar las pretensiones de Issunboushi, pero accedió a su solicitud al ver la determinación de éste.
Allí vivía una princesa llamada Haruhime, hija de aquel señor feudal.
Por esos días unos demonios estaban causando alboroto y cometiendo fechorías por toda la ciudad.
Un día Issunboushi escuchó la noticia de que la princesa iría al templo de Kiyomizu (*4) Para ello el padre de ella, sabiendo lo que sucedía con los demonios, eligió a sus guardias más fuertes para acompañarla. Issunboushi se ofreció a ir con ellos.
En el camino al templo se encontraron con un demonio.
Todos huyeron pero Issunboushi permaneció al lado de la princesa para salvarla. 
Cuando el demonio amenazó a la princesa Issunboushi se paró delante de ella y gritó al demonio: 
-¡Tu contrincante soy yo! 
Este al verlo empezó a reirse y de un bocado se lo comió.
En ese momento el demonio empezó a padecer de dolores de vientre mas espantosos mientras  gritaba: 
- ¡No, no lo hagas, no sigas!
Issunboushi estaba hincando con su espada de aguja el vientre del demonio mientras le gritaba: 
-¡Ya no harás cosas malas y todos ustedes se irán de aquí!
El demonio adolorido contestó:
-¡Nunca más lo haremos!-  y en ese momento de un escupitajo lo echo fuera de su vientre.
El demonio huyó llorando muy adolorido llevándose a los otros demonios con él.
La princesa Haruhime se acercó a Issunboushi y le dijo: 
-¡Muchas gracias por todo. Te debo la vida!
Y cuando se agachó para tomar a Issunboushi entre sus manos,  vio un objeto que el demonio había dejado. Entonces tomó el objeto y le dijo a Issunboushi:
-Esto es un Uchidenokozuchi (*5), un mazo mágico. Con ésto podrás realizar tus deseos. ¿Qué deseas?
Issunboushi contestó: 
-Deseo una constitución física fuerte, para poder convertirme en samurai.
Ella agitó el "Uchidenokozuchi" y dijo: 
- ¡Ten una constitución fuerte!
En ese momento Issunboushi empezó a crecer mucho.
Quedó muy contento porque ya tenía una constitución fuerte y podía convertirse en un imponente samurai.
Se esforzó mucho y pudo realizar su sueño.
Issunboushi y Haruhime se casaron e invitaron a sus padres a la ciudad y vivieron felices para siempre.
Fin.

(*1 Issunboushi: "sun": unidad de longitud equivalente a 3.3 cm.
Issun: 1 sun
boushi : niño
Issunboushi : nino de 3.3 cm de estatura

(*2) “Kyoto”: Ciudad de Japón fundada en el siglo octavo. Centro cultural, artístico y religioso. Kyoto fue la capital de Japón entre los años 794 y el 1869.

(*3) “Samurai”::Individuo perteneciente a la clase de los guerreros en la organizacion feudal japonesa anterior a 1868.

(*4) “Kyyumizu”: Templo muy conocido de la ciudad de Kyoto.

(*5)” Uchidenokozuchi”: Mazo

jueves, 30 de mayo de 2019

EL REY QUE PERDIÓ SU CORONA
(Cuento popular)
(Ilustración - Fuente: Internet)




Esta es la historia de un Rey que tenia una corona muy bonita. Le gustaba muchísimo y siempre la llevaba puesta para que todo el mundo supiera que él era el Rey.

Sólo se la quitaba para dormir, la dejaba en su mesita de noche y se la ponía de nuevo, rápidamente cada mañana. 

Pero un día, por la mañana al despertar, fue a coger su corona pero... ¡la corona no estaba! Empezó a buscarla por toda su habitación, debajo del colchón entre sus libros en el escritorio, en los armarios... y es que su habitación estaba tan desordenada que era imposible encontrar nada. 

El Rey fue por su castillo buscándola pero no la encontró. Le preguntó a todos los criados que trabajaban en el castillo y ninguno sabía donde estaba. 

Decidió entonces salir a buscarla por los jardines de su palacio. Cuando llegó al estanque y le preguntó a un pato que había allí:

-Señor PATO ¿usted ha visto mi corona?

Y el Señor Pato se quedó un momento pensando y al final dijo...

-No, no la he visto. Pero yo he estado todo el día aquí bañándome en el estanque, a lo mejor si le preguntas al zorro que él va por los caminos...

Y el Rey se fue a preguntarle al ZORRO:

-Señor Zorro ¿usted ha visto mi corona? La estoy buscando por todo el castillo y no sé dónde está.

Y el Zorro le contestó:

-No, yo no he visto la corona, pero es que yo sólo voy por los caminos, a lo mejor podría usted preguntarle a la Pajarita que va siempre volando por el aire y quizá desde allí la haya visto.

De modo que el Rey en cuanto vio a la pajarita le preguntó:

-Señora Pajarita ¿usted ha visto mi corona?

-No, no la he visto. Pero ya había escuchado el rumor y la he estado buscando por todo su reino, aunque no la he encontrado.

El Rey se quedó entonces muy triste, pero la pajarita le dijo:

-Debería coger usted un barco y salir fuera de reino para buscarla.

Aquello al Rey le pareció una estupenda idea y salió contento en busca de su corona. 

En el puerto cogió un barco de vela y se hizo a la mar en busca de su corona. 
Se guiaba por el sol hasta que se hizo de noche que, como ya no había sol, debía guiarse siguiendo una estrella. Siguió buscando y buscando hasta que.. ¡Una nube tapó la estrella! Entonces el Rey se quedó parado porque no sabía hacia donde ir. 

Mientras tanto, esa nube se hacía más y más grande hasta que se formó una gran tormenta. El Rey estaba en su barco rodeado de rayos y truenos, el agua le salpicaba... y vino una ola muy grande que le rompió las vela.

El Rey ahora ya no podía avanzar más, se quedó allí flotando,  mientras pensaba que se había perdido igual que su corona... 

¡Bien! Apareció un barco mercante a rescatarlo. Le contó su historia  al capitán. Le dijo que era un rey que viajaba en busca de su corona. 

El capitán del barco le dijo que iban hacia un país en el que vivía una mujer mágica que era muy buena y quizá ella podría ayudarle a encontrar su corona. 

Cuando el Rey llegó al puerto del nuevo país enseguida cogió el camino que le llevaba a la casa de aquella mujer mágica. 
Al llegar a casa de la mujer mágica, llamó a la puerta y entró pensando que no había nadie. 

El Rey estaba un poquito asustado porque no había ido nunca a la casa de una mujer mágica y no sabia lo que se podría encontrar... Entonces de pronto apareció la sabia  mujer, que era muy guapa y le preguntó al Rey en qué podía ayudarle. El Rey le contó su problema:

-He recorrido un largo camino porque estoy buscando mi corana, he de encontrarla porque es muy importante para mí, sin ella no parezco un Rey y no podré gobernar. ¿Podría ayudarme a recuperarla?

-Pues no sé donde esta su corona, pero yo tengo una caja mágica donde guardo todas las cosas importantes. Puedes buscar en ella a ver si la encuentras.

El Rey muy contento miro en la caja pero ahí no aparecía su corona por ningún lado. 

Entonces muy triste se puso a llorar.

La mujer preocupada le preguntó: 

-¿Por qué lloras?

Y respondió el Rey entre lágrimas:

-Porque sin mi corona ya no voy a poder ser Rey...

La mujer sacó su pañuelo y mientras le secaba las lágrimas le explicó que más importante de un rey no era su corona, por eso no estaba en si caja mágica, sino que reinase con bondad.

- Pero, y entonces mi  corona…

- Las coronas no son las que reinan, son las personas...- le dijo aquella mágica mujer ofreciéndole de nuevo la caja mágica para que mirase de nuevo en ella.

¿Y saben lo que encontró el Rey?.. Una gorra... y entonces pensó: Bueno, habrá que modernizarse.


FIN