martes, 5 de febrero de 2013


EL ENCANTADOR DE SERPIENTES
(Cuento de la India)
(Ilustraciones - Fuente: Internet)

Raj vivía en una casita blanca cerca del río Ganges con su esposa, Akba. Eran muy podres, pero felices.
Raj se ganaba la vida ejerciendo uno de los oficios más peligrosos que pueden existir. Era un encantador de serpientes.
Todas las mañanas caminaba a la plaza del pueblo con su flauta, su esterilla y la serpiente venenosa en una vasija. Al llegar, desenrollaba la esterilla, se sentaba, destapaba la vasija y empezaba a tocar la flauta.
Las personas se acercaban a mirar.
Cuando Raj comenzaba a tocar su flauta, la dulce melodía hacía que la serpiente lentamente salga de la vasija, contoneándose al ritmo de la música.
Como sabían que era una serpiente muy venenosa, siempre echaban monedas sin acercarse demasiado.
Al caer la tarde Raj dejaba de tocar. La serpiente desaparecía dentro de la vasija; Raj ponía la tapa, enrollaba la esterilla y, con la flauta bajo el brazo, regresaba a su casa.
Una noche, después de cenar, Raj le dijo a su esposa:

- Akba, mañana voy a ir a la ciudad; allí podré tener más público y ganar más dinero.
Al amanecer Raj partió. Cuando llegó a la ciudad, se dirigió al mercado, una vez allí, desenrollo su esterilla, se sentó, destapó la vasija y empezó a tocar la flauta: al escuchar el sonido de la flauta la serpiente salió bailando al compás de la música y un gran gentío se congregó a su alrededor. Entre risas y aplausos, le arrojaron montones de monedas de oro. Raj nunca había visto tanto dinero en su vida.
Al anochecer, Raj reunió todo el oro, recogió la vasija, la esterilla y la flauta, y corrió a casa.
No se dio cuenta que, durante el tiempo que estuvo en el mercado, habían tres ladrones observándolo. “

- Ese encantador de serpientes tiene un montón de oro. Vamos a robárselo. -masculló uno de ellos. Y siguieron a Raj hasta su casa.

Cuando Raj llegó a su cabaña le mostró a Akba el oro que le habían dado en el mercado. Ella se puso contentísima:

- ¡Somos Ricos! Comeremos en abundancia y podremos comprarnos ropas nuevas. -dijo abrazando a Raj.
Después metió el oro en una gran vasija:

-Mañana buscaremos un sitio seguro para esconder el dinero, dijo, sin darse cuenta de que los tres ladrones la espiaban desde la ventana.
Aquella noche, cuando ya se habían acostado, Akba oyó un ruido fuera de casa.

-¿Qué ha sido eso Raj? -preguntó alarmada.

-Será un perro callejero, duérmete. -contestó Raj entre bostezos.

-Estoy preocupada por el oro. -dijo Akba.
Entonces se levantó de la cama y recogió la vasija de oro. Pero al ver la vasija de la serpiente, pensó: “Esta es igual de valiosa, gracias a la serpiente hemos ganado todo ese oro”, y subió ambas al desván, pensando que allí estarían más seguras. Luego regresó a la cama y se quedó dormida.
Afuera, los ladrones cuchicheaban entre ellos:

- Esa tonta ha puesto el oro en el desván. -dijo uno de ellos.

-Tendremos que subirnos unos a los hombros de los otros para llegar a la ventana.  -dijo otro.

-Yo soy el más pequeño. Me subiré encima de ustedes dos, me colaré por la ventana y les pasaré la vasija.
Intentando hacer el menor ruido posible, los ladrones llevaron a cabo su plan. El ladrón más pequeño se apoderó de la vasija, y todos se apresuraron a regresar a su guarida.

-¡Somos ricos, somos ricos! -Celebraban dando brincos. Uno de ellos levantó la tapa de la vasija para mirar el dinero, pero en lugar de oro se encontró una serpiente venenosa.

-¡Sálvese quien pueda! -gritó. Los tres ladrones se asustaron tanto que salieron disparados, hacia el bosque, y nunca más se los volvió a ver.
A la mañana siguiente, Raj sacó la vasija del desván para llevar de nuevo la serpiente a la ciudad. Pero al abrir la vasija se sorprendió:

- ¡Aquí sólo hay una vasija! -dijo llamando a Akba. 

- ¡Alguien ha debido robar la otra! -Akba levantó la tapa de la vasija y miró dentro. Estaba lleno de oro.

-¡Han robado la vasija equivocada, vaya sorpresa se van a llevar! -rió Akba.

Raj desenrolló la esterilla fuera de la casa, se sentó en la puerta y empezó a tocar la flauta. Al poco rato, la serpiente se acercó zigzagueando. Luego la recogió con cuidado, la metió en la vasija y dejó así todo listo para comenzar una nueva jornada.

Fin


viernes, 4 de enero de 2013


El árbol que hablaba
(Cuento Anónimo africano)
(Ilustraciones - Fuente: Internet)

Hubo una vez un lobo que estaba paseando por el bosque. De pronto  se encontró con un hermoso árbol que tenía unas hojas que parecían caras de personas. Atraído por este, se acercó y pudo oír al árbol hablar.
El lobo se asustó y dijo:
-Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol que hable.
Tan pronto como hubo dicho estas palabras, algo, que no pudo ver, lo golpeó en la cabeza y lo dejó inconsciente. No sabía durante cuánto tiempo había estado allí tendido en el suelo, pero cuando despertó estaba muy asustado para hablar. Se levantó inmediatamente y empezó a correr muerto de miedo.
Luego de un tiempo,ya calmado el lobo pensó acerca de lo que le había ocurrido aquel día y se dio cuenta de que podía usar el árbol para su provecho. Así que se fue a pasear de nuevo por el bosque y se encontró con un antílope. Rapidamente le contó lo del árbol que hablaba, pero el antílope no le creyó.
-Ven y lo verás tu mismo -dijo el lobo- pero cuando llegues delante del árbol asegúrate de decir estas palabras: "Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol que hable". Si no las dices, morirás.
El lobo y el antílope se acercaron hasta el árbol que hablaba. El antílope dijo:
-Has dicho la verdad, lobo, hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol que hable.
Tan pronto como dijo esto algo lo golpeó en la cabeza y lo dejó inconsciente. El lobo cargó con él antílope y se lo llevó a casa para comérselo. 
"Este árbol que habla solucionará todos mis problemas", pensó el lobo. "Si soy inteligente nunca más volveré a pasar hambre."
A la semana siguiente el lobo estaba paseando como de costumbre. Al cabo de un rato se encontró con una tortuga. Le contó la misma historia que le había contado al antílope, y la llevó hasta el lugar. La tortuga se sorprendió cuando vio al árbol que hablaba:
-No creía que esto fuera posible -dijo- hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol que hable.
Inmediatamente fue golpeada por algo que no pudo ver y cayó inconsciente. El lobo arrastró a la tortuga hasta su casa y la puso en una olla. Pensó en hacer una estupenda sopa con ella.
El lobo estaba orgulloso de sí mismo. Después del antílope y la tortuga cazó un ave, un jabalí y un ciervo. Nunca antes había comido mejor. Siempre usaba la misma estrategia. Contaba a sus presas lo que debían decir y que si no lo decían morirían. 
Todos ellos hicieron lo que el lobo les dijo y todos ellos quedaron inconscientes. Luego el lobo cargaba con ellos hasta su casa para preparar los platos más sabrosos y suculentos. Era un plan perfecto, él lo creía simple e infalible, y agradecía a las estrellas el hecho de haber encontrado ese árbol. Esperaba comer como un rey durante el resto de su vida.
Un día, que se sentía con algo de hambre, el lobo fue a pasear de nuevo. Esta vez se encontró con una liebre. El lobo le dijo:
-Hermana liebre, he visto algo que no podrás creer, algo maravilloso que seguro ni tus antepasados pudieron ver. 
-Hermano mayor, ¿qué puede ser? -preguntó la liebre.
-He visto un árbol que habla en el bosque -dijo el lobo.
Entonces le contó la misma historia a la liebre y se ofreció  llevarla a ver ese árbol que hablaba. Fueron juntos hasta el lugar. Cuando se acercaban al árbol el lobo le dijo:
-No olvides lo que te he contado.
-¿Qué me contaste? -preguntó la liebre.
-Lo que debes decir cuando llegues junto al árbol, o si no , morirás -dijo el lobo.
-¡Oh!, sí -dijo la liebre-.
Y empezó a hablar con el árbol.
-¡Oh!, árbol, ¡oh!, árbol -dijo-. Eres un árbol precioso.
.No, esto no -dijo el lobo.
-Perdona -dijo la liebre. Entonces habló de nuevo.
- Árbol, ¡oh!, árbol, nunca pensé que pudieras ser tan maravilloso.
-¡No, no! -dijo el lobo- no un árbol precioso ni maravilloso, un árbol que hable.
-Oh!, si, perdón. - dijo la libre y continuó - ¡Oh!, por Dios nunca en mi vida vi un árbol tan imponente y mágico.
- No!, - dijo el lobo gritando -  Te dije que tenías que decir que nunca habías  encontrado con algo tan raro como un árbol que hable!!.
Tan pronto como hubo dicho estas palabras, el lobo cayó inconsciente. La liebre se fue andando y mirando hacia el árbol y el lobo. Luego sonrió:
-Entonces, este era el plan del señor Lobo -dijo-. Se pensaba que este lugar era un comedero y yo su comida.
La liebre se marchó y contó a todos los animales de la selva el secreto del árbol que hablaba. El plan del lobo fue descubierto, y el árbol, sin herir a nadie, continuó hablando solo.