miércoles, 10 de febrero de 2010

LAS TRES PIPAS

(Leyenda India)

(Imagen - Fuente: Internet)

Una vez, un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad.

El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.

Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.

Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.

También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando. Después regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como siempre, fue escuchado con bondad pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.

El hombre medio molesto pero ya mucho más sereno se dirigió al árbol centenario y allí sentado fue convirtiendo en humo, su tabaco y su bronca. Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente se arrepentirá de lo que ha hecho".

El jefe le regaló dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo yo, era necesario darte tiempo para que lo descubrieras vos mismo".

martes, 19 de enero de 2010

LA CUCHARA MÁGICA DE LOS SAPOS

(Leyenda peruana)

(Ilustración: Laura Michell - Fuente: Internet)

Cuentan los Cashinahuas que, antiguamente, hubo una mujer que, llegada la noche, apenas oía el canto del sapo de verano bajaba al río y capturaba al cantor; lo llevaba a su casa y ahí lo cocinaba para comerlo.

Un día, un enfriamiento repentino cayó sobre el bosque. Los sapos de verano casi no cantaban: un frío así desanimaba a cualquiera.

Sin embargo, la mujer decidió ir al río e intentar capturar a su presa acostumbrada. Tomó entonces una pequeña antorcha y descendió.

Primero escuchó un cantito río arriba; luego, otro río abajo. Apagó su antorcha para no asustar al animal. Se acercó al sitio del rió arriba donde primero había escuchado el canto del sapo. Esperaba oírlo de nuevo para poder localizar mejor al animal.

De pronto, su aceche fue interrumpido por un hombre que luz en mano descendía hacia ella por el lecho del río. Todavía no se había repuesto de su sorpresa cuando vio que otro hombre, también provisto de una antorcha, venía de la misma manera, desde río abajo. Los dos hombres se encontraron justo frente a ella.

-¿Has visto?-dijo uno de ellos. –Hay una mujer en la oscuridad.

Y el otro la interpeló:

-¿Qué haces aquí en lo oscuro?

-¡Shit! ¡No hagas tanta bulla! He venido a cazar un sapo; lo he oído contar por aquí, dijo ella.

-¿Ah!-dijeron los hombres-Justamente nosotros somos sapos.

-¿Qué tontería!, -exclamó la mujer. – Sin duda ustedes también están porque quieren cazar sapos.

-No- insistieron ellos.-Somos realmente sapos y tú eres la que viene a cazarnos. Comprendemos que sufres escasez. ¿No tienes ningún hombre que vele por ti?

La mujer se quedó muda, sin responder.

-Bueno, poco importa, después de todo. Lo que nos interesa es no verte ya privada de alimentos para que termines de cazarnos sin piedad. Te vamos a hacer un regalo.

En ese momento, uno de ellos le tendió una de esas grandes cucharas en forma de remo que nuestras mujeres emplean para remover el contenido de sus ollas.

-Cuida bien este regalo y no digas una palabra a nadie. Si nuestro secreto fuese revelado un día, perdería inmediatamente su poder mágico.

En efecto, bastaba sumergir la gran cuchara en el agua hirviente, pensando en un animal de la selva o en un pescado y, enseguida, jugosos trozos de la bestia imaginada aparecía en el agua. Ésta se transformaba así en el más apetitoso de los potajes. Hicieron una demostración allí mismo en la playa. Luego, tras recomendarle absoluta discreción, le entregaron la cuchara y la enviaron a su casa.

Al comienzo , la mujer usaba la cuchara mágica con discreción.

Daba de comer solamente a su esposo e hijos. Pero un día fue atacada por una ambición desmedida.

-¡Voy a dar de comer a todo este pueblo!,- se retó.

Entonces tomó un ollón enorme, Lo llenó de agua hasta el tope y trabajó todo el día ayudada por su cuchara mágica, hasta acumular una cantidad impresionante de manjares.

Es anoche fue una verdadera fiesta. Todos sus paisanos se repletaron a reventar con todo lo que jamás imaginaron comer.

Aunque ya no les cabía ni un bocado, los mates que tenían en la mano aún estaban semilleros. Entonces, asqueado por tanta comida, empezaron a tirarla al suelo.

La mujer, ante tanto espectáculo, dijo:¡Ah! ¿Ven cómo he logrado hacerles botar la comida? Y todo gracias a mi cuchara de sapo.

¡Soy la única en poder realizar este prodigio!

-¿De qué está hablando esta?.- Se preguntaron todos. – No comprendemos nada. ¡Explícanos!.

Entonces ella les contó la historia de su encuentro con los sapos en el río y del regalo mágico que le habían hecho.

-¡Increíble!¡fantástico! Queremos ver. Usa Valente de nosotros esa famosa cuchara mágica.

Así, la mujer puso a hervir un poco de agua en una ollita. Exhibió su cuchara y la zambulló. Y bien hubiese podido seguir removiendo hasta el día de hoy. Los sapos habían retomado su poder mágico y, naturalmente, nunca lo devolvieron.