jueves, 30 de mayo de 2019

EL REY QUE PERDIÓ SU CORONA
(Cuento popular)
(Ilustración - Fuente: Internet)




Esta es la historia de un Rey que tenia una corona muy bonita. Le gustaba muchísimo y siempre la llevaba puesta para que todo el mundo supiera que él era el Rey.

Sólo se la quitaba para dormir, la dejaba en su mesita de noche y se la ponía de nuevo, rápidamente cada mañana. 

Pero un día, por la mañana al despertar, fue a coger su corona pero... ¡la corona no estaba! Empezó a buscarla por toda su habitación, debajo del colchón entre sus libros en el escritorio, en los armarios... y es que su habitación estaba tan desordenada que era imposible encontrar nada. 

El Rey fue por su castillo buscándola pero no la encontró. Le preguntó a todos los criados que trabajaban en el castillo y ninguno sabía donde estaba. 

Decidió entonces salir a buscarla por los jardines de su palacio. Cuando llegó al estanque y le preguntó a un pato que había allí:

-Señor PATO ¿usted ha visto mi corona?

Y el Señor Pato se quedó un momento pensando y al final dijo...

-No, no la he visto. Pero yo he estado todo el día aquí bañándome en el estanque, a lo mejor si le preguntas al zorro que él va por los caminos...

Y el Rey se fue a preguntarle al ZORRO:

-Señor Zorro ¿usted ha visto mi corona? La estoy buscando por todo el castillo y no sé dónde está.

Y el Zorro le contestó:

-No, yo no he visto la corona, pero es que yo sólo voy por los caminos, a lo mejor podría usted preguntarle a la Pajarita que va siempre volando por el aire y quizá desde allí la haya visto.

De modo que el Rey en cuanto vio a la pajarita le preguntó:

-Señora Pajarita ¿usted ha visto mi corona?

-No, no la he visto. Pero ya había escuchado el rumor y la he estado buscando por todo su reino, aunque no la he encontrado.

El Rey se quedó entonces muy triste, pero la pajarita le dijo:

-Debería coger usted un barco y salir fuera de reino para buscarla.

Aquello al Rey le pareció una estupenda idea y salió contento en busca de su corona. 

En el puerto cogió un barco de vela y se hizo a la mar en busca de su corona. 
Se guiaba por el sol hasta que se hizo de noche que, como ya no había sol, debía guiarse siguiendo una estrella. Siguió buscando y buscando hasta que.. ¡Una nube tapó la estrella! Entonces el Rey se quedó parado porque no sabía hacia donde ir. 

Mientras tanto, esa nube se hacía más y más grande hasta que se formó una gran tormenta. El Rey estaba en su barco rodeado de rayos y truenos, el agua le salpicaba... y vino una ola muy grande que le rompió las vela.

El Rey ahora ya no podía avanzar más, se quedó allí flotando,  mientras pensaba que se había perdido igual que su corona... 

¡Bien! Apareció un barco mercante a rescatarlo. Le contó su historia  al capitán. Le dijo que era un rey que viajaba en busca de su corona. 

El capitán del barco le dijo que iban hacia un país en el que vivía una mujer mágica que era muy buena y quizá ella podría ayudarle a encontrar su corona. 

Cuando el Rey llegó al puerto del nuevo país enseguida cogió el camino que le llevaba a la casa de aquella mujer mágica. 
Al llegar a casa de la mujer mágica, llamó a la puerta y entró pensando que no había nadie. 

El Rey estaba un poquito asustado porque no había ido nunca a la casa de una mujer mágica y no sabia lo que se podría encontrar... Entonces de pronto apareció la sabia  mujer, que era muy guapa y le preguntó al Rey en qué podía ayudarle. El Rey le contó su problema:

-He recorrido un largo camino porque estoy buscando mi corana, he de encontrarla porque es muy importante para mí, sin ella no parezco un Rey y no podré gobernar. ¿Podría ayudarme a recuperarla?

-Pues no sé donde esta su corona, pero yo tengo una caja mágica donde guardo todas las cosas importantes. Puedes buscar en ella a ver si la encuentras.

El Rey muy contento miro en la caja pero ahí no aparecía su corona por ningún lado. 

Entonces muy triste se puso a llorar.

La mujer preocupada le preguntó: 

-¿Por qué lloras?

Y respondió el Rey entre lágrimas:

-Porque sin mi corona ya no voy a poder ser Rey...

La mujer sacó su pañuelo y mientras le secaba las lágrimas le explicó que más importante de un rey no era su corona, por eso no estaba en si caja mágica, sino que reinase con bondad.

- Pero, y entonces mi  corona…

- Las coronas no son las que reinan, son las personas...- le dijo aquella mágica mujer ofreciéndole de nuevo la caja mágica para que mirase de nuevo en ella.

¿Y saben lo que encontró el Rey?.. Una gorra... y entonces pensó: Bueno, habrá que modernizarse.


FIN

sábado, 27 de abril de 2019

LA GALLINITA ROJA
(Cuento popular Inglés)
(Ilustraciones - Fuente: Internet)


Había una vez una  gallinita roja que vivía con sus pollitos en una granja. 
En la granja también vivían, un perro, un gato y un pato.
Un día  la gallinita roja, mientras estaba escarbando la tierra buscando que comer,   se encontró algunos granos de trigo.
La gallinita roja pensó que sería una buena idea sembrarlos, es así que fue a pedirle ayuda a sus amigos y les dijo:
-Amigos, he encontrado unos granos de trigo. ¿Quién me quiere ayudar a sembrarlos?
-¡Yo no! –dijo el perro.
-¡Ni yo!- exclamó el gato.
-¡Yo tampoco!- agregó el pato.
Un poco desilusionada por la falta de ayuda, la gallineta contestó:
-No importa,  lo plantaré yo sola.
Es así, que la gallinita fue a escoger un buen lugar para la siembra. Tanto esmero puso a su labor y tanto vigiló y regó el lugar, que al cabo de unos pocos días comenzaron a crecer hermosas espigas de trigo.
Radiante de alegría la gallinita acudió una vez más a por ayuda de sus compañeros, pues necesitaba de ellos para segar la planta y cosechar el trigo.
Cuando llegó al establo donde descansaban el resto de los animales les preguntó:
-Amigos, el trigo está listo. ¿Quién me quiere ayudar a segar y cosecharlo? 
Al igual que en la ocasión anterior, los animales respondieron:
-¡Yo no! –dijo el perro.
-¡Ni yo!- exclamó el gato.
-¡Yo tampoco!-agregó el pato.
Ya más desilusionada de sus amigos  la gallinita roja les contestó:
-No importa, lo haré yo sola.
La gallineta roja  fue a segar y cosechar el trigo.
Trabajó durante muchas horas, pero el resultado fue muy bueno. Pudo llenar dos sacos de granos.
La gallinita roja les preguntó a sus amigos:
-Amigos, ya tengo el grano listo para molerlo. ¿Quién me quiere ayudar a llevarlo al molino? 
Una vez más, sus amigos contestaron:
-¡Yo no!  –dijo el perro.
-¡Yo tampoco! - exclamó el gato.
-¡Ni yo!-agregó  el pato.
A la gallinita roja  respondió:
- No importa, lo haré yo sola.
Puso los costales en una carreta y los llevó al molino.
Luego de molerlos, llenó algunos costales de harina y le volvió a preguntar a sus amigos.
- Amigos, ¿Quién quiere ayudarme a hacer el pan?
- ¡Yo no! –dijo el perro.
-¡Yo tampoco! - exclamó el gato.
-¡Ni yo!-agregó  el pato.
La gallinita roja  respondió triste:
- No importa, lo haré yo sola.
Llevó el costal de harina a casa y se puso a preparar el pan.
Mezcló la harina con el agua, la levadura y la sal. Luego puso la masa en un molde y lo metió al horno.
Cuando el pan estuvo  listo, su agradable aroma invadió todos los rincones de la granja. Atrapados por ella, los animales acudieron en masa hacia la casa de la gallinita  y vieron  un delicioso pan encima de la mesa.
Al verlos la gallineta les preguntó:
-Amigos ¿Quiere alguno compartir conmigo este rico pan?
Enseguida las respuestas fueron:
-¡Yo, que siempre he sido tu amigo! –exclamó el perro.
-¡Y yo también, que siempre te he apreciado mucho! –dijo el gato.
-¡Cuenta conmigo para eso! –ripostó el pato.
Sin dudarlo un segundo la gallinita roja dijo entre molesta y contenta a la vez les respondió:
- ¡Ah!, no, de ninguna manera!. Yo sola sembré las semillas, yo sola segué y coseché los granos, yo sola molí los granos y yo sola preparé el pan.
Ahora, que el pan está listo para comer, es cuando ustedes recuerdan nuestra amistad. Así que lo disfrutaré yo solita. 
Así la gallinita roja se sentó en la mesa y junto con sus pollitos, disfrutaron mucho del delicioso pan. 
Fin.