martes, 1 de febrero de 2011

La historia del padre comprado

(Leyenda China)

(Ilustración: Pedro Tornero

Fuente: Internet)

Wang Hua era un pescador honrado y servicial. Estaba siempre dispuesto a ayudar a la gente necesitada. Un día, después de vender la pesca en el mercado, se encaminó a casa contemplando a un grupo de curiosos en la acera. En el centro del círculo había un viejo gritando en voz alta:

- Estoy a la venta. Me iré con el que me compre. Cómprame, hijo. Seré tu padre. Soy pobre ahora, pero te pagaré. Serás rico y noble.

Los curiosos se reían jocosamente. Algunos niños le tiraban piedras. El pescador se acercó y vio que el viejo estaba harapiento y sucio. Tenía una cara enjuta con los ojos hundidos. Posiblemente no habría comido en todo el día. Sintió compasión por el anciano. Sin vacilar ni un segundo, se dirigió al viejo con una reverencia:

- Padre, seré tu hijo. Ven conmigo a casa.

El padre adoptivo lo examinó durante unos segundos y, sin decir nada, lo siguió, mientras que los curiosos comentaban este peculiar trato con todo tipo de interpretaciones.

Al llegar a casa, el pescador sentó al anciano en el sillón y lo presentó a su mujer y a los niños. Toda la familia lo recibió con cordialidad. La nuera trajo enseguida una palangana llena de agua caliente y una muda de ropa. El mismo pescador lo peinó y le sirvió el té. Los niños lo miraban con ojos sorprendidos, preguntándole mil cosas. Pero el viejo no hizo mención alguna de su vida. Después de la cena, se acostó y concilió el sueño inmediatamente.

Al día siguiente, el pescador regresó a casa con el mejor pescado del día.

Aunque la vida de esa gente era bastante austera, eran muy generosos con el viejo desconocido, convertido repentinamente en padre, suegro y abuelo.

Transcurrieron varios meses sin que la bondadosa familia hubiera mostrado ni un ápice de mezquindad. Más bien lo rodearon de cariño. El viejo no les reveló nada de su vida, pero un día entregó a su hijo un lienzo de seda lleno de caracteres:

- Llevo varios meses en tu casa. Estoy conmovido por la hospitalidad con la que me habéis tratado. Pero la gente honesta, generosa y compasiva como sois vosotros, debe ser recompensada en la forma más digna. ¿Te acuerdas lo que dije cuando me encontraste en la calle?, Pues no era broma lo que pregonaba. Hoy me voy a marchar. Os voy a dejar este lienzo. Venid a buscarme cuando podáis. Os haré ricos y nobles. La dirección está escrita en la seda.

Una vez dicho esto, el viejo se fue. Como no sabían leer, fueron a buscar al profesor de la escuela, que les dijo que el lienzo fue escrito y firmado por el hermano del Emperador, que había salido del palacio para conocer a la gente.

Confundidos por la sorpresa, con las manos temblando, el matrimonio guardó el lienzo con la ilustre firma y volvió emocionado. Habían creído que era un pobre desamparado, pero resultó ser nada menos que un «Mil Años» (así se les llamaba popularmente a los parientes del Emperador).

Al día siguiente partieron a la búsqueda de su padre adoptivo. Cuando llegaron al Palacio Imperial, el viejo salió con los brazos abiertos riendo amablemente. Su hijo y su nuera, así como los nietos, aturdidos por el lujo y la majestuosidad del palacio, no podían reconocer a su padre adoptivo, ahora vestido con hábitos de seda bordada con hilos de oro y plata. Se pusieron de rodillas. El hermano del Emperador los llevó a comer y los alojó en su confortable residencia. Al cabo de unos días, la familia del pescador se despidió de su padre adoptivo, quien les obsequió con una hacienda, una casa muy amplia y varias docenas de caballos. Además, les concedió un título nobiliario.

Es muy raro que un acto de generosidad desinteresado pueda cambiar nuestra vida en forma radical. Pero sucedió por lo menos una vez en la historia de China.

domingo, 9 de enero de 2011

El Genio

(Cuento de la India)

(Ilustración - fuente: Internet)

En la India, había una familia muy pobre que carecía de todo y pasaban muchas necesidades, mientras que a su vecino no le faltaba de nada y vivía en una casa magnífica rodeada de un esplendoroso jardín.

La mujer del hombre pobre era bastante envidiosa y se preguntaba de dónde habría sacado los bienes su vecino, así que decidió espiarle y un día vio que el vecino daba tres palmadas y al instante aparecía un genio que llevaba una enorme espada en la cintura; el vecino le dio todo tipo de órdenes sobre el mantenimiento, limpieza y abastecimiento de la casa y el genio las cumplió de inmediato.

La mujer volvió corriendo donde estaba su marido y le contó lo que había visto.


- Tienes que pedirle que nos preste el genio, así tendremos de todo como él y dejaremos de pasar penalidades - le dijo entusiasmada.


El marido era un poco reacio, pero ante la constante insistencia de la mujer accedió a ir a hablar con el vecino. Llamó a la puerta y su vecino le abrió: 


- Hola, vecino, vengo a pedirte un grandísimo favor. Mi mujer ha visto que tienes un genio que te ayuda a realizar todas las tareas de la casa y que te consigue todo lo que le pides, nosotros no tenemos nada y pasamos muchas penurias, me gustaría que me prestaras una temporada al genio para así poder dejar de ser tan pobres y conseguir tener algunos bienes - le dijo con gran vergüenza.


El vecino le miró compasivo y contestó: 


- De acuerdo, te prestaré a mi genio, pero te advierto que no es tan fácil como parece. Cuando se invoca a este genio hay que estarle mandando hacer cosas constantemente, porque si no se hace así, se enfadará y con la gran espada que lleva a la cintura te cortará la cabeza; te lo advierto de nuevo, no es tan fácil como parece estarle mandando cosas constantemente, así que ten mucho cuidado.

Mira yo me marcho de viaje y tardaré un par de días en volver, te lo dejo ese tiempo. Lo único que tienes que hacer para invocar al genio es dar tres palmadas y él aparecerá ante ti.


El marido volvió corriendo con gran alegría hasta donde estaba su esposa: 


- Mira, me ha dejado la jarra que contiene el genio y está a nuestra disposición mientras nuestro vecino esté de viaje. ¡Lo he conseguido! Dejaremos de ser pobres, tendremos de todo y nada faltará a nuestros hijos. ¡Qué alegría!.


La mujer estaba muy impaciente por empezar a pedir cosas y le dijo que invocara al genio de inmediato. El marido dio tres palmadas y al instante el genio apareció ante ellos entre una nube de humo, era impresionante por su gran tamaño, sus lujosas ropas y por la enorme espada que portaba a la cintura: 


- Hola mi amo, dime qué deseas - dijo el genio.


Tanto el esposo como la mujer se pusieron muy contentos de tener a su disposición al genio y comenzaron a pedir de inmediato: 


- Quiero que nos construyas una mansión espléndida - dijo la mujer.


El genio chasqueó los dedos y al instante apareció ante ellos una mansión magnífica, muy grande y vistosa. Los esposos se quedaron maravillados ante la belleza y esplendor de la mansión y comenzaron a dar saltos de alegría. 


- Ahora llena la mansión de estupendos muebles - continuó el marido. 


El genio volvió a chasquear los dedos y la mansión se llenó de unos muebles muy lujosos.


- Ahora queremos buenos ropajes para nosotros y para nuestros hijos. 


Este deseo también se vio satisfecho al instante y así sucesivamente con todo lo que iban pidiendo, todos su deseos eran cumplidos de inmediato.


Cuando el matrimonio y sus hijos estuvieron vestidos con muy buenas ropas e instalados en al mansión se les ocurrió pedir los más ricos manjares que se pudieran concebir para así poder comer hasta saciarse, cosa que nunca habían hecho.


- Bueno, genio, ahora déjanos un rato mientras comemos esta espléndida comida que nos has traído", - dijo el marido; pero el genio se le quedó mirando fijamente y le dijo: 


- Mi amo, ¿qué más deseas ahora?. 


Al ver que no le decían nada, ya que estaban comiendo con avidez, el genio puso cara de enfado y comenzó a desenvainar muy lentamente su espada. El marido se puso pálido y comenzó a balbucear: 


- Espera, espera, ahora quiero que me hagas un magnífico jardín. 


El genio chasqueó los dedos y el jardín estuvo construido al instante. Así que apenas pudieron disfrutar de la estupenda comida ya que tenían que seguir ordenado cosas al genio. Le hicieron construir un estanque y un riachuelo en el jardín, luego un puentecito sobre el riachuelo, pronto se les acabaron las ideas sobre qué pedir al genio, así que este volvió a enfadarse y comenzó a desenvainar la espada. Entonces le mandaron que deshiciera algunas de las cosas que había construido y luego que las volviera a construir porque ya no sabían que más mandarle.


- Quita el puente del riachuelo, deshaz el estanque, vuelve a hacerme otro estanque mejor, cambia los muebles de la casa... 


Le mandaban ya casi con angustia por que todas las órdenes eran cumplidas al instante y no podían parar ni un momento ya que el genio se enfadaba y les amenazaba con su espada.

Al llegar la noche apenas pudieron dormir ya que tenían que turnarse para dar órdenes al genio y así siguieron de muy mala manera ya que el genio en seguida estaba presto a sacar la espada y cortarles la cabeza en cuanto dejaban de mandarle cosas constantemente.


Al segundo día ya no podían más y el marido acudió muy temprano a la casa del vecino para ver si había regresado. Llamó a la puerta y el vecino le abrió. 


- Tienes que ayudarme - le dijo angustiado - no puedo más, el genio no me deja vivir, ni disfrutar de todo lo que me ha dado; ya no sé que más mandarle y en cualquier momento va a acabar cortándome la cabeza, estoy desesperado, no sé que voy a hacer.


El vecino le miró con comprensión y le dijo:


- Te lo advertí, no es fácil estar dándole ordenes siempre; pero no te preocupes yo sé como dominar al genio.


Juntos acudieron a la casa del matrimonio y el vecino ordenó al genio:


- Genio, construye un pozo en el jardín que llegue hasta el centro de la tierra. - El genio chasqueó los dedos y al instante el pozo estuvo construido.


- Bien, ahora coloca un poste en el centro del pozo que también llegue hasta el centro de la tierra - Y el genio lo hizo. 


- Muy bien, ahora quiero que subas y bajes por el poste hasta que yo te diga - con lo que el genio se puso a subir y bajar por el poste.


El vecino se volvió hacia el hombre y le dijo:


- Ves, no era tan difícil dominar al genio, pero hay que saber cómo hacerlo y qué ordenarle. 


Éste suspiró aliviado ya que algo que en un principio había creído ser una cosa estupenda se había transformado en una angustia ya que varias veces había estado a punto de perder la cabeza.


Al cabo de bastante tiempo el genio llamó a su amo para decirle que estaba cansado de subir y bajar por el poste, y que si le dejaba volver a su jarra, él solo haría lo que le mandaran sin agobiar a su dueño y sin utilizar más la espada.