jueves, 2 de febrero de 2012

El Lago Wakatipu

(Cuento de Nueva Zelanda)

(Adaptación del libro “Cuentos para antes de dormir de todo el mundo” de Silvia Dubovoy)

(Ilustración: http://elbolsillodecelia.blogspot.com/ - Fuente: Internet)


Cuentan que hace muchos años existió una princesa muy hermosa llamada Manata, de largo pelo rizado y enormes ojos negros. Ella estaba enamorada del joven Matakauri.


Pero lamentablemente el amor de los dos jóvenes no tenía la aprobación del padre de Manata, Rey del poblado.


Cada vez que Manata le hablaba del amor que sentía por Matakauri el rey decía:

- ¡Yo decidiré quién será tu esposo!.

Cierta mañana, la princesa desapareció y todos salieron a buscarla. Matakauri encontró una gigantesca huella de un pie en el lodo.

- ¡El gigante Matau la ha raptado! – gritó.

Desconsolado, el rey reunió a sus súbditos en la gran plaza y habló así:

- Deseo más que nada en el mundo que mi hija vuelva a casa. Aquél que me la devuelva, podrá casarse con ella.

Muchos jóvenes admiraban la belleza y la bondad de la princesa, pero ninguno de ellos quiso arriesgarse a perder la vida en un enfrentamiento con Matau, cuya fama era terrible. Sólo Matakauri se atrevió a salir en busca de su amada y se encaminó a las montañas donde vivía el gigante.

El corazón y los pies del joven volaban. Sabía que en cualquier momento podría aparecer Matau.

De pronto, encontró a Manata atada a un árbol lleno de espinas, herida y apesadumbrada por su desgracia.

Matakauri corrió a rescatarla.

- ¡Manata, alégrate! ¡Soy Matakauri y he venido a rescatarte y llevarte a casa!

- ¡No podrás y pondrás tu vida en peligro inútilmente! Vete de inmediato; si el viento del noroeste empieza a soplar, Matau despertará y te matará.

Matakauri intentó cortar con su hacha las ataduras de la joven pero no lo consiguió. Dejó caer con fuerza el hacha una y otra vez pero ésta rebotó y rebotó. Entonces, los ojos de Manata se llenaron de lágrimas.

-¡No podrás, vete¡ ¡Huye antes de que Matau despierte!

Las lágrimas rebosaron de sus ojos y al resbalar por sus mejillas y caer sobre las ataduras, deshicieron los nudo irrompibles.

El joven ayudó entonces a liberar también el cuerpo de su amada de entre las espinas y los dos corrieron al río. En una canoa navegaron corriente abajo, hasta llegar al palacio real. Nunca la felicidad del padre fue tan grande.

- ¡Matakauri, puedes tomar a mi hija como esposa – dijo satisfecho el rey – Sin duda, eres el más valiente de los guerreros!.

La pareja estaba dichosa con la noticia pero el joven todavía tenía un pesar. No podría descansar hasta que el peligro del gigante acabara y dejara de atemorizar el reino.

Así que Matakauri salió del pueblo, se encaminó por los valles hasta las montañas, vio el árbol de espinas y , cerca de allí, encontró al terrible gigante dormido. Era tan inmenso que su cabeza descansaba sobre una montaña y sus pies sobre otra.

Matakauri reunió durante tres días pasto, ramas y hojas secas; cuando el viento del noroeste sopló y el gigante aún dormía, encendió fuego y el viento creó una gran hoguera.

Matau fue consumido por las llamas y en el lugar donde había estado dormido sólo quedó un gran hueco que hizo su cuerpo.

Cuando llueve, el hueco se llena hasta los bordes, y así ha surgido un lago.

Dicen que bajo la superficie del lago aún late el corazón del gigante. Por eso las aguas del lago Wakatipu suben y bajan constantemente igual al latido del corazón del gigante y las gentes de Nueva Zelanda recuerdan hasta el día de hoy a Matakauri, cuyo amor fue tan grande que derrotó a un gigante.

miércoles, 4 de enero de 2012

El Castigo del Jefe

(Cuento popular africano

Del libro: “El círculo de la choza” – Ediciones Gaviota)

(Ilustración - Fuente: Internet)

Había una vez un joven que decidió ir a recorrer el mundo. Entró al servicio de un comerciante de tejidos, y al cabo de un año había ganado tanto dinero, que era un hombre rico.

El comerciante tenía una hija muy bella y el joven decidió tomarla por esposa.

- Puedes casarte con ella – dijo el comerciante – Sé que eres rico y que tienes dinero suficiente para pagármela.

El joven se puso contentísimo, aunque el comerciante exigía mucho dinero, en realidad todo el dinero que poseía. Pero la muchacha era tan hermosa, que pagó la suma pedida y se fue con ella a su aldea natal.

Al jefe de la aldea le gustó mucho aquella joven y decidió apropiársela.

Entonces llamó al joven y le dijo:

- Mientras te fuiste a ganar dinero, los demás tuvieron que hacer tu trabajo, y ahora debes recuperar el tiempo perdido. Antes de que acabe el día, tienes que talar los árboles de este bosque, quemarlos y hacer el suelo fértil con las cenizas. Si no lo haces, ¡La muerte te espera!

El joven volvió triste y abatido y contó a su mujer la dura tarea que el jefe le había encargado.

- ¡No podría hacerlo ni en una semana! - exclamó el joven.

Pero su esposa que era tan inteligente como bella le dijo:

- Es fácil, coge una gran cantidad de terminas, pon unas cuantas al pie de cada árbol y ya verás.

El joven siguió el consejo de su esposa y, antes de que el día hubiera terminado, las termitas se habían comido el bosque entero. Entonces el joven hizo una gran fuego, y el jefe no pudo sino preguntarse cómo había podido terminar en tan poco tiempo. Así que no le quedó mas remedio que aceptar el trabajo.

Unos días más tarde, el jefe convocó de nuevo al joven y le dijo:

- He escrito una carta a nuestros antepasados que están en el infierno la cual dice: “¡Mis saludos, venerables antepasados que estáis en el infierno”! ¿Cómo se encuentran? Nosotros, muy bien. Saldos a todos”. - y luego agregó - Tú se las llevarás.

- ¡Pero no conozco el camino! – contestó el joven angustiado.

- Vamos a cavar un gran agujero y a meterte dentro. Luego lo llenaremos nuevamente de tierra y encontrarás el camino, de un modo u otro.

El joven volvió a su casa todavía más triste que antes y dijo a su mujer la difícil misión que el jefe le había encomendado.

- ¡Me ahogaré bajo tierra! – grito desesperado.

- Es fácil de remediar – dijo su esposa con calma -. Lleva un topo contigo. Excavará un camino hacia el exterior y sólo tendrás que seguirlo.

Entonces el joven cogió un topo en el campo y se lo metió en el bolsillo y cuando lo echaron al agujero, el joven sacó al topo y éste excavó rápidamente un camino hacia el exterior. El hombre le siguió y pronto estuvo al aire libre.

Se escondió entre la melaza hasta que todos hubieron vuelto a la aldea y regresó a su casa.

- ¿Has visto qué consejo tan bueno te di? – dijo su esposa.

- Estupendo – respondió el joven – Pero ahora, ¿qué voy a hacer?, el jefe me matará si no le llevo nada.

- Vamos a escribir una carta con la firma de los antepasados que están en el infierno y se la llevarás al jefe.

Y la joven esposa se sentó y escribió en un trozo de papel: “¡Saludos, Oh, jefe! Nosotros, que estamos en el infierno, te enviamos millones de saludos. Nos encontramos muy bien y seríamos dichosos si vinieras a visitarnos”.

Al día siguiente el hombre llevó la carta al jefe:

- Ya estoy de vuelta – dijo -, y te traigo esta carta de parte de nuestros antepasados.

El jefe le escuchó sorprendido y, al leer el mensaje, frunció el ceño. No tenía ninguna gana de ir al infierno, pero lo le quedaba más remedio que obedecer.

Los habitantes de la aldea le hicieron bajar al agujero, lo cubrieron con tierra y esperaros para ver lo que iba a pasar. Esperaron un día, esperaron una semana, esperaron un mes, esperaron medio año, pero no volvió a haber noticia alguna del jefe.

- Probablemente ha debido de quedarse allí – decidieron al fin, y convirtieron al hombre que tenía una esposa inteligente y bella en su nuevo jefe.