domingo, 5 de diciembre de 2010


Llegó Diciembre, realmente este año se fue volando...y ha sido un año maravilloso, donde conocí a gente entrañable, donde aprendí de mis errores, donde me levanté de varias caidas y curé muchas heridas. Fué un año generoso, un año con muchas respuestas y de muchas certezas, un año de mucha FE!!
Quiero compartir con ustedes un cuento maravilloso, una historia que por más pequeñita que parezca, por más simple, encierra en ella toda la sabiduría de los cuentos, una historia que nos enseña a seguir adelante cada día, nos enseña que los sueños si se cumplen y sobre todo nos enseña que no debemos abandonarlos JAMÁS, por más dificil que sea, por más duro que parezca...siempre hay una Luz al final del camino, SIEMPRE!!!...

Suena simple?, no creo, yo creo que suena a FÉ!
UNA MUY FELIZ NAVIDAD PARA TODOS USTEDES Y UN AÑO NUEVO LLENITO DE LUZ, ALEGRÍA , AMOR Y MUCHOS, PERO MUCHOS CUENTOS QUE ESTÁN POR SALIR A LA LUZ Y NACER EN NUESTRO INTERIOR!!!

(El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino para cumplir tus sueños)


EL GUSANITO QUE TUVO UN SUEÑO

(Cuento Popular)

(Ilustración: Daniela Violi)

(Fuente: Internet)

Hubo una vez un pequeño gusanito que le gustaba mucho salir por las mañanas a mirar las flores, los árboles, las nubes y el sol. Un día el pequeño gusanito tuvo un sueño: Soñó que desde la cima de una gran montaña podía mirar el valle, y fue tan hermoso su sueño que decidió cumplirlo, así que a la mañana siguiente salió con mucha determinación a cumplir su sueño.

Caminando por el bosque y muy cerca del camino un grillo vió pasar al gusanito.

-Hacía dónde te diriges?, le preguntó el grillo.

Sin dejar de caminar, el gusanito contestó:

-Tuve un sueño, anoche soñé que desde la cima de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el grillo le dijo mientras su amigo se alejaba:

-Debes estar loco!, Cómo podrás llegar hasta aquel lugar?, Tú eres una simple oruga! Una piedra será una montaña para ti, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable. Nunca podrás llegar!!. - Y el grillo comenzó a reirse si parar.

Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse.

De pronto se oyó la voz de un saltamontes:

-Hacía dónde te diriges con tanto empeño? - preguntó el saltamontes al gusanito.

Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante:

-Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.

El saltamontes no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo:

-Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.

El se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros.

Al poco tiempo se encontró con un escarabajo que le preguntó lo mismo:

-Hacia donde te diriges con tanta decisión?.

-Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.

El escarabajo esta vez no pudo aguantar la risa y soltó la carcajada en la cara del gusanito sin poder pronunciar una sola palabra.

Pero al gusanito no le importó, el siguió muy firme en su marcha y mientras caminaba soñaba con el ver todo el bosque desde lo alto de la montaña.

Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir.

- No lo lograrás jamás! -le dijeron-, pero en el interior del gusanito había un impulso que lo obligaba a seguir.

Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pasar la noche.

-Estaré mejor en mi casita - Dijo por última vez el gusanito.

Todos los animales del valle empezaron a preguntarse por el gusanito y en todo el bosque se escuchaban comentarios sobre aquél loco animal. Pero un día una hormiga encontró la casita del gusanito y fue corriendo a avisar a todos los bichos de bosque:

- ¡El gusanito se murió!, ¡El gusanito se murio! - gritaba y gritaba sin parar.

Los bichos del bosque fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Todos miraban con pena la casita del gusanito sin vida, pero una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos, para darle un último adiós.

De pronto quedaron atónitos. Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta.

Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas con el color del arcoiris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: El gusanito se convirtió en "Una mariposa".

No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría. Se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.

martes, 9 de noviembre de 2010

LA LEYENDA DE SUDAMA

(Cuento de la India)

(Ilustración - Fuente: Internet)

Sudama era un hombre muy pobre que vivía con su esposa en una modesta casita. Él era bueno y laborioso, pero nunca tenía dinero suficiente para atender sus necesidades. Un día, su mujer se le acercó y le dijo:

-¿Cómo es posible que sigamos viviendo tan pobremente?, Sudama, a nosotros nos falta comida, mientras que tu gran amigo Krishna vive en la abundancia. ¡Apúrate, ve hasta él a pedir su ayuda!.

-¿Qué dices? ¿De dónde sacaría yo valor para hacer algo así? ¡Krishna ni si quiera debe acordarse de mí!

Ante la insistencia de su esposa, Sudama al fin decidió acudir a su amigo Krishna. Lleno de vergüenza, se puso su mejor vestido, juntó todo el arroz que pudo y salió hacia la ciudad. Levaba consigo apenas algunos puñado de arroz.

Krishna se había conversito en rey y vivía en un palacio majestuoso. Sus paredes eran altas y fuertes; su interior era de piedra labrada. Sus muebles habían sido hechos con las maderas más finas de toda la India. Docenas de sirviente lo atendían.

Tímidamente, Sudama entró al palacio. Se dio cuenta de que la tela de su vestido era burda y simple, comparada con las cortina de los ventanales. ¡Y qué decir de la corte! Todos allí le parecían reyes. Poco a poco se abrió paso hasta la sala del trono, en donde estaba sentado su amigo. Notó que a sus pies había toda clase de obsequios, unos de oro y piedras preci9osas, otros todavía guardados en cofres lujosos. ¿Cómo iba él a entregarle el poquísimo arroz que le traía de regalo? Sudama empezó a retrocede, con ganas de huir de allí inmediatamente.

Peor entonces, Krishna se levantó de su trono y apuntó su dedo índice hacia él.

-¿Sudama? – gritó- ¿Será posible que seas tú?

Sudama se quedó quieto y quiso desaparecer. Toda la corte le dirigía la mirada. El rey volvió a hablar:

-¡Sudama, por supuesto que eres tú! ¡Camaradas, celebremos la llegada de mi queridísimo amigo de infancia, el buen Sudama!

Sudama se había equivocado. Krishna lo recordaba muy bien, pues habían sido los mejores amigos cuando niños.

Diciendo esto, Krishna lo abrazó, le presentó a toda la corte y le llevó a dar un paseo por el palacio. Sudama estaba sorprendido y muy agradecido con Krishna. De repente, Krishna se detuvo y le preguntó a su amigo con curiosidad:

-Sudama, tú sabes que todo aquel que visita a un rey debe llevarle un regalo. ¿Qué me has traído tú?

Sudama creyó que este sería el fin de su amistad. Sintiendo gran pena, le ofreció los puñados de arroz que traía. Krishna sonrió. Hizo cocinar el arroz de inmediato, lo comió con mucho gusto y dijo que era el plato más exquisito que jamás hubiera probado. Los dos amigos hicieron una gran fiesta esa noche.

Durante varios días Krishna trató a Sudama no sólo con el cariño con el que un rey trata a otro rey. Mandó a hacer para él hermosos vestidos y lo alojó en la mejor habitación del palacio. Pasaron largas tardes juntos recordando sus días de infancia. En su estadía en el palacio de Krishna, Sudama fue feliz como nunca antes.

Sólo una preocupación nublaba su dicha: el regreso a casa. Sabía que su esposa estaría enfurecida si descubría que él no había tenido el coraje de pedirle ayuda al rey. Varias veces trató, pero no se atrevía. Sentía que las atenciones de Krishna ya eran demasiado para él. Cuando al fin llegó el día de su partida, el rey lo despidió con grandes honores, suplicándole que volviera pronto.

A Sudama le pareció más largo que nunca el camino de regreso a casa. Caminó mirando al piso. Pensó que su mujer moriría de hambre por culpa de su timidez. Se lamentó y lloró durante el viaje.

Cuando ya se acercaba a su destino, vio que detrás de la loma que estaba delante de su casa se asomaba una gran cúpula dorada. Siguió caminando y, a medida que lo hacía, fue apareciendo, bajo la cúpula un enorme palacio, muy cerca del lugar donde recordaba que quedaba su casa. Llegó al protón del palacio, que estaba vigilado por muchos guardias. Parecía el lugar exacto en donde vivía antes. Pensó que debía de haberse equivocado en algún cruce de caminos, y estaba a punto de irse cuando vio que desde el balcón una mujer gritaba:

-¡Esposo mío, ven aquí! ¡Guardias, ábranle la puerta al dueño de casa!

Sudama entendió entonces que su amigo le había cambiado la vida en secreto.

En el palacio que les regaló Krishna, rodeados de riquezas Sudama y su esposa vivieron felices para siempre. A menudo invitaban a Krishna a que se quedara con ellos. Y no sólo a él, sino a todas las personas que quisieran. Y siempre trataron a sus huéspedes con la generosidad y la humildad que aprendieron de Krishna.

El hombre más rico del mundo no es el que conserva la primera moneda que ganó, sino el que conserva el primer amigo que tuvo!!