jueves, 3 de junio de 2010

Empuja la vaquita

(Cuento Japonés)

(Ilustración: Laura Gonzales

Fuente- Internet)

Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes: una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: 


- "En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puestos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?".

El señor calmadamente respondió: 


- "Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo."


El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. Siguieron su camino, y un rato después se volvió hacia su fiel discípulo y le ordenó:


-"Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco."

El joven, asustado, cuestionó al maestro aquella orden, pues la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. 
Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante años.

Un buen día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con coche en el garaje de una enorme casa y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia había tenido que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allí, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro. Elogió el lugar y preguntó al señor (el dueño de la vaquita):


- "¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?".

El señor entusiasmado le respondió: 


- "Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora".

…Y tú, ¿sigues teniendo tu vaquita?


jueves, 6 de mayo de 2010

LA MADRE LOCA

(Cuento Africano)

(Ilustración: Patricia Metola - Fuente: Internet)

Hace mucho, mucho tiempo, vivían en una aldea dos mujeres jóvenes que no habían tenido la suerte de tener ni hijos, ni hijas. Había un dicho según el cual "una mujer sin hijos era una fuente de desgracias para la aldea".

Así que las dos mujeres decidieron alejarse para no castigar al pueblo entero por no tener hijos y construyeron su casa en las afueras.

Un día, una señora vieja golpeó a su puerta para pedir comida. Las mujeres jóvenes la recibieron con mucha amabilidad y le dieron de comer y ropa para vestirse. Después de comer y extrañada por el silencio y la ausencia de voces infantiles, la anciana les pregunto:

- ¿Dónde están sus hijos?

- Nosotras no tenemos hijos, ni hijas y por eso, para no causar desgracias a la aldea nos vinimos a vivir aquí y nos pasamos el día alejadas.

Entonces, les dice la señora:

- Yo tengo una medicina para tener hijos, pero después de haber dado a luz, la madre se vuelve un poco loca.

Una de la mujeres le contestó que aunque enfermase ella sería feliz por haber dejado un niño o una niña en la tierra. En cambio, la segunda le dijo que no quería enloquecer por un hijo.

La señora vieja dio la medicina solo a la que se lo pidió.

Después, algunos años más tarde la señora vieja regresó al pueblo y se encontró a las dos mujeres jóvenes. La que no había tomado su medicina le dijo:

-"Tu nos dijiste que quién tomara la medicina se volvería loca, pero mi hermana la tomó, tuvo una hija y no enfermó"

Y la anciana le respondió:

- "Volverse loca no quiere decir que se convertiría en una persona que anduviera rasgándose las ropas o que pasara todo el día mirando a las nubes como si paseara por el aire ; lo que yo quise decir es que una mujer que da a luz un niño o una niña estará obligada a: Reír sin parar, gritar todo el tiempo, llorar de pena pero también de alegría, corregir, dejar de dormir, guiar, educar, dar sin pedir nada a cambio, entender lo imposible, compartir lo mucho o poco que tiene, estar preocupada todo el tiempo, jugar, dejar de lado todo por alguien, pero sobre todo, amar incondicionalmente… Eso es él ser madre y volverse un poquito loca.

¡¡Para todas las madres del mundo, para las que son y las que serán, para las que están y las que se fueron, para las que no fueron pero son, para todas y cada una de ustedes.....Feliz día mamis!! ¡¡Gracias por su Luz!!