jueves, 8 de abril de 2010

CUATRO, CINCO O SEIS

(Cuento de Argelia)

(Del libro 30 cuentos del Magreb)

(Ilustración - Fuente: Internet)

Baha se había levantado al amanecer para ir al zoco.*

El día anterior, su tío le había dado dinero para que comprara cinco asnos.

Partió a pie, llevando consigo un poco de pan y algunas aceitunas que se fue comiendo por el camino. Al llegar al zoco, pidió un té a la menta.

Había muchos animales para vender. Ovejas, cabras, asnos, mulas, dromedarios y caballos estaban juntos y sufrían, como los hombres, por el calor agobiante, el polvo y las innumerables moscas. Baha pasaba de un grupo de asnos a otro y se detenía a mirar los que le interesaban. Cuando elegía uno, le pedía al mercader que abriera la boca del animal para ver en qué estado se encontraban sus dientes. Luego regateaba el precio durante un

buen rato.

Al mediodía, Baha poseía cinco asnos jóvenes y robustos, y con ellos se alejó del zoco muy satisfecho. En el camino de regreso, se sintió cansado. Montó sobre una de las bestias para descansar. Al cabo de un rato, tuvo la impresión de que le faltaba un asno. Contó los animales: uno, dos, tres, cuatro. Faltaba uno.

Volvió a contar y le seguía faltando uno. Muy disgustado, le dio al asno con los talones y se fue a la izquierda y a la derecha antes de mirar hacia atrás, sin vislumbrar al asno que faltaba.

De pronto vio a un felá* y le pidió ayuda.

—He comprado cinco asnos en el zoco y acabo de perder uno —le explicó tristemente.

El felá contó en voz alta.

—Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. ¿Has contado el asno en el que estás montado?

—No —respondió Baha—, pero ¿cómo puedes encontrar seis si sólo he comprado

cinco?

—Simplemente porque tú eres un asno entre los asnos —dijo irónicamente el felá alejándose.

Avergonzado, Baha siguió su camino con los animales y no le contó a nadie lo ocurrido.


*Felá: Campesino

*Zoco: Plaza del mercado

jueves, 4 de marzo de 2010

¿POR QUÉ EL COCODRILO TIENE LA PIEL ASPERA Y RUGOSA?

(Cuento de tradición Africana)

(Ilustración: Fernando Andriacci - Fuente: Internet)

En algunas aldeas de Namibia cuentan que hace mucho, mucho tiempo, el cocodrilo tenía la piel lisa y dorada como si fuera de oro.

Dicen que pasaba todo el día debajo del agua, en las aguas embarradas y que sólo salía de ellas durante la noche, y que la luna se reflejaba en su brillante y lisa piel. Todos los otros animales iban a esas horas a beber agua y se quedaban admirados contemplando la hermosa piel dorada del cocodrilo.

El cocodrilo, orgulloso de la admiración que causaba su piel, empezó a salir del agua durante el día para presumir de su piel. Entonces, los demás animales, no sólo iban a beber agua por la noche, sino que se acercaban también cuando brillaba el sol para contemplar la piel dorada del cocodrilo.

Pero sucedió, que el sol brillante, poco a poco fue secando la piel del cocodrilo, cubierta de una capa de reluciente barro, y cada día se iba poniendo más fea. Al ver este cambio en su piel, los otros animales iban perdiendo su admiración. Cada día, el cocodrilo tenía su piel más cuarteada hasta que se le quedo como ahora la tiene, cubierta de grandes y duras escamas parduzcas. Finalmente, ante esta transformación, los otros animales no volvieron a beber agua durante el día y contemplar la antigua hermosa piel dorada del cocodrilo.

El cocodrilo, antes tan orgulloso de su piel dorada, nunca se recuperó de la vergüenza y humillación y desde entonces, cuando otros se le acercan se sumerge rápidamente en el agua, con sólo sus ojos y orificios nasales sobre la superficie del agua.